12 de agosto de 2017

Responsable sí, pero... ¿y de mi salud? ¿Soy responsable?

Ser responsable: un acto que me enseñaron desde muy pequeña. Siempre la responsabilidad pero nunca con mi persona, con los demás si, responsable de mis actos con respeto hacia los demás sí, al crecer responsable de los más pequeños también, pero nunca responsable de mi enfermedad, mi salud, mi forma de vida sana. Ahora, a mis 48 años tengo que aprender a ser responsable, esa responsabilidad que nadie me enseñó, que nunca aprendí.

Aprender a ser paciente, con paciencia, consciente, constante, respetando a los demás pero mirando mi conveniencia, por mi salud, por mi bienestar y por mi mejor calidad de vida.

Me pregunto ¿cómo lo consigo?

Desde hace algunos años he aprendido que mi bienestar también es muy importante para mi entorno, para la felicidad de las personas que me rodean, verdaderamente me quieren y les importo. He aprendido que primero hay que quererse a uno mismo y valorar las cosas que suponen un reto y conseguirlas, por pequeñas que sean, aunque nadie más las valore. Si consigo ver esas pequeñas cosas, soy consciente del esfuerzo que me suponen y las supero, entonces me siento bien y mis seres queridos con algo de tiempo, también aprenden a valorarlas. Todo necesita tiempo, paciencia y fuerza que van apareciendo poco a poco.

Hasta aquí he llegado pero hay que seguir dando pasos y no de gigante, así el esfuerzo es mayor, el camino se hace más largo debido al esfuerzo físico y mental que se hace. Pequeños pasos, firmes y parando todo lo que haga falta pero afianzándose en ellos. Si tengo que volver a empezar, empiezo pero sabiendo el error que cometí e intentando cambiar la estrategia y/o ser más constante.

Aprendí que necesito tiempo para mí, para hacer aquello que me gusta y me da vida, aunque para ello tenga que sacrificar hacer las cosas "obligadas" por el rol que se me ha impuesto. Es decir, aprendí que quiero ir al fútbol y disfrutar el momento aunque deje la cocina sin recoger o limpiar el polvo porque si lo hago todo, mi cuerpo no me permitirá asistir al partido. Aprendí que cumplir mis horarios de trabajo, no faltar aunque luego tenga que sacrificar el resto del día en el sofá porque mi cuerpo no da para más, me satisface, me hace valorar más mi esfuerzo y me da vida.

Aprendí que saber más sobre mi enfermedad, implicarme en ayudar y ser parte de una asociación también me ayuda a quererme más.

Gracias a las redes sociales, a la asociación y a las personas que conocí, aprendí que pedir ayuda y dejar que me ayuden también es importante para mí mejor calidad de vida. Ayudar a los demás me ayuda a crecer como persona y a responsabilizarme de mi misma, de mis actos hacia mi, de mi enfermedad, de mi salud y de mi calidad de vida.

Ya pedí toda la ayuda posible para poner en marcha todo cuanto debo hacer por mi bienestar: medico, terapeuta, entrenador y psicólogas.

Con mi doctora de atención primaria tengo buen diálogo, me escucha, la escucho y nos respetamos, creo firmemente que está para ayudarme. Con mi terapeuta tengo una gran confianza. Él cree en mí potencial para superar obstáculos y yo en su capacidad y conocimientos para ayudarme. Mi entrenador me enseña y motiva, aunque hace tiempo que no nos vemos, sé que cuento siempre con su ayuda y consejo. Él confía en mi capacidad para superarme y yo le admiro y confió plenamente en él. Mis psicólogas me están enseñando mucho sobre mi  conducta y mi forma de ser, nunca había prestado atención. Me enseñan a quererme, apreciar más mi entorno, me ayudan en todo. Ellas creen en mí mejora y capacidad y yo confío totalmente en ellas, en su trabajo y su profesionalidad.


Ahora es mi turno, debo saber qué hacer con todo ese aprendizaje, debo ser capaz de poner en práctica aquello que me enseñan, ser capaz de dar fruto a su trabajo de mostrar que toda esa confianza que ponen en mí es correspondida y si quiero ayudar a los demás, antes debo ayudarme a mi misma, ser responsable. 

Mis pilares básicos son: 

  • Observar la medicación que me ayuda y la que no. Comentar con mi doctora cualquier cambio por pequeño que sea. Para ello tengo que ser capaz de llevar al día mis diarios de dolor, síntomas y observarme.
  • Hacer los estiramientos por la mañana, dar un paseo diario, hacer mis ejercicios de fuerza con piernas y brazos. Aumentar poco a poco el tiempo de ejercicio y ser constante.
  • Dar mis sesiones de terapia (masaje, acupuntura) todo lo que observe que me ayude a mejorar el dolor y mis síntomas. Cada semana o cada quince días, mi cuerpo decide y mi terapeuta me ayuda en cada etapa para mejorar.
  • Ir a mis sesiones de psicología-conductual. Prestar atención a todo lo que me enseñan, descargar la maleta de tanto mal sentimiento guardado y saber apreciar los buenos. Ser consciente del presente y afrontar siempre de cara los problemas.
  • Y mi caballo de batalla más salvaje: saber llevar una buena alimentación. No es hacer dieta, no es necesidad de adelgazar. Es cuestión de saber llevar una buena alimentación que me ayude el resto de mi vida. Es cambiar por completo o casi los hábitos alimenticios. Es anotar todos los días los alimentos que como, observar cómo me sientan y saber adecuar la alimentación a mis necesidades.



En eso estoy, nada es fácil y siempre encuentro excusas por las que no he podido hacer esto o aquello. Siempre digo "¡Hoy es el día!" Y el día al final resulta fallido.

Mejor será empezar el día y al final anotar las cosas que he conseguido para mañana ver si he sido capaz de añadir una cosa más sin quitar otra. 

Y así todos los días, hasta conseguir ser responsable de mi a tiempo completo, sin dejar de lado la responsabilidad con los demás. Tengo que ser capaz de aprender un nuevo estilo de vida que me ayudará a llevar una mejor calidad de vida para mí y un entorno más agradable y satisfactorio para todos los que están a mi lado.


Espero que vosotros que me leéis y padecéis Fibromialgia u otra patología crónica, os animéis a cuidaros, a ser parte de ese cambio de estilo de vida que tanto os beneficiará y que pidáis siempre la ayuda que necesitéis. No se es débil por pedir ayuda, en realidad hay que "echarle un par" para ser capaz de pedirla después de tantos años queriendo hacer las cosas nosotros solos.

Si queréis mi ayuda solo tenéis que decirlo, en la medida que pueda siempre estoy para ayudar. Es más fácil hacer el camino en compañía que solos.



Mar.

5 de agosto de 2017

Evitar el descontrol. Paso a paso.

He luchado y lucho por mi salud, encuentro y aprendo como afrontar mejor el día a día. Tengo todo bajo control, mis profesionales (médico, enfermera, psicólogas, entrenador, terapeuta) me ayudan, enseñan y apoyan.

Todo perfecto... ¿o no?

Descubro que una mala racha, trabajo que no puedo ni quiero dejar o cosas que rondan por mi cabeza consiguen volver a descontrolarme.

Mis profesionales ya están en sus merecidas vacaciones. Tengo las herramientas necesarias para coger  fuerte las riendas y evitar que el caballo se desboque, aún así siento que falta poco para que ocurra, y no puedo ni quiero abordar el problema que supone volver a descontrolarme.

¿Cómo reacciono? ¿Qué debo hacer primero?


Estoy poniendo de excusa el trabajo  para ese descontrol, primer paso: reconocerlo.


Me autoconvenzo de que en cuanto tenga vacaciones me pongo en serio. Segundo paso: reconocer que es otra excusa, quizás en quince días ya sea demasiado tarde.


Tercer paso: ¿Qué puedo hacer por mí ahora mismo? Levantarme y tomar la medicación que me toca, sin hacer pereza, cenar y esperar a tomar la medicación que me toca más tarde. No puedo juntar dos pastillas para hacerlo más rápido ni dejar de tomar una de ellas (pastillas) por no juntarlas. 


Cuarto paso: Seguir utilizando lo aprendido aunque ahora no apetezca ponerlo en práctica: relajación, estar en el presente sin darle vueltas a que aún quedan 15 días de trabajo y asumirlo, sin juzgar.


Y ¿qué hago aún escribiendo y sin levantarme a por la primera tanda de medicamentos, preparar cena y esperar a la segunda?


Venga va, si no lo hago por mi ¿quién lo hará?


Una, dos y... ¡arriba!


Y con más pena que gloria, me levanto, preparo la medicación, la botella de agua, vuelvo a por la cena. Algo sin mucha preparación pero que entre dentro de mi dieta: guisantes, pavo, tomate con gotitas de aceite y unos trocitos de piña. Y te dispones: antes de la cena 2ml de eso que sabe tan mal, cenas sin mucha gana y te tomas tu tiempo, pastillita después de la cena...

Tengo dolor pero evito tomar la extra, prefiero la meditación después. Tengo el dolor de mi epicondilitis medial o "codo de golfista", ese se va con la medicación a si que pomada local para el caso y listo. El dolor de siempre no se va con la meditación pero al menos evitó tener los músculos en tensión y se lleva mejor porque ya sé que la medicación tampoco ayuda mucho con esos dolores. Ahora termino de escribir y voy a tumbarme, escuchar música para relajarme y meditar. Si lo consigo, antes de dormir tomaré mi última pastilla y hasta mañana. 



Y mañana vuelta a empezar la lucha continua. La constancia, el esfuerzo y la paciencia darán sus frutos pero... ¡¡¡¡la paciencia que hay que tener y el esfuerzo que hay que hacer para mantener la constancia!!!!